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Crítica al Marxismo Purista de Escritorio. Por: Tito Gómez - Dr. Jekyll

lunes, noviembre 18, 2024 Add Comment

 


Por: Tito Gómez – Doctor Jekyll-*

En estos días han sido muchos los artículos que a partir de la derrota del Partido Demócrata en los Estados Unidos hacen críticas a las luchas por la identidad, sugiriendo que el neoliberalismo las utiliza para desviar la atención de los problemas socioeconómicos.  Desde una perspectiva de izquierda marxista, es crucial desafiar esta visión y resaltar la importancia de las luchas feministas, antirracistas y LGBTIQ como parte integral de la lucha contra el capitalismo.

La mayoría de estos artículos descalifican las luchas identitarias al sugerir que han sido instrumentalizadas para mantener el statu quo neoliberal. Esta visión minimiza la importancia de estas luchas y su impacto real en la vida de las personas.  Las luchas por la igualdad de género, racial y sexual no deben ser vistas como simples adornos del neoliberalismo, que las instrumentaliza para mejorar su imagen sin cuestionar las estructuras de poder subyacentes. Estas luchas son, en cambio, fundamentales para la construcción de una sociedad verdaderamente justa y equitativa, pues desafían y transforman las jerarquías de opresión que perpetúan las desigualdades sociales, económicas y políticas. Angela Davis, en su obra «Mujer, raza y clase», argumenta que las opresiones de género y raza están intrínsecamente ligadas a las estructuras económicas del capitalismo [1].

Quienes impulsan estos debates, insisten en plantear una falsa dicotomía entre las luchas identitarias y las luchas socioeconómicas, como si fueran mutuamente excluyentes. Desde una perspectiva marxista, entendemos que las opresiones de género, raza y sexualidad están intrínsecamente ligadas a las estructuras económicas. La explotación capitalista se refuerza y perpetúa a través de estas opresiones, y por lo tanto, luchar contra ellas es también luchar contra el capitalismo. José Carlos Mariátegui, en «Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana», subraya la necesidad de una lucha integral que aborde tanto las cuestiones económicas como las culturales [2].

Estos analistas subestiman el poder transformador de las luchas identitarias al argumentar que son minoritarias y elitistas. Esta afirmación ignora el hecho de que estas luchas han logrado cambios significativos en la legislación, la cultura y la conciencia social. Además, estas luchas han sido impulsadas y sostenidas por movimientos de base que representan a amplios sectores de la población, no solo a una élite académica. Angela Davis ha destacado repetidamente cómo los movimientos de base han sido cruciales para avanzar en la justicia social [3].

Así mismo los autores aprovechan para hacer “críticas” a la que ellos califican de «nueva izquierda» o “izquierda woke” (de manera despectiva), por centrarse en demandas identitarias, como si ello deslegitimara este tipo de luchas. Esas críticas descalifican los procesos de las izquierdas a nivel mundial, por ser inclusivas y reconocer la interseccionalidad de las opresiones. Una izquierda que ignore las luchas de género, raza y sexualidad está condenada a repetir los errores del pasado y a alienar a grandes sectores de la población que sufren estas opresiones de manera cotidiana. La interseccionalidad, como concepto desarrollado por Kimberlé Crenshaw, es esencial para entender cómo las diferentes formas de opresión se entrelazan y refuerzan mutuamente [4].

Las luchas feministas, antirracistas y de la comunidad LGBTIQ+ no son un desvío de las legítimas luchas de la izquierda contra el neoliberalismo, sino una parte esencial de ella. La verdadera transformación social requiere una visión amplia que integre todas las formas de opresión y explotación, reconociendo que solo a través de la unidad y la solidaridad podemos construir un mundo más justo y equitativo. Como señala Mariátegui, la revolución debe ser tanto económica como cultural [2].

Finalmente, es importante recordar que las luchas identitarias no solo buscan la inclusión en el sistema existente, sino que también cuestionan y desafían las estructuras de poder que perpetúan la desigualdad. Angela Davis ha argumentado que la lucha por la liberación de las mujeres, las personas racializadas y la comunidad LGBTIQ+ es inseparable de la lucha contra el capitalismo [1]. Por lo tanto, descalificar estas luchas es ignorar su potencial revolucionario.

En conclusión, las férreas críticas a las luchas identitarias reflejan una comprensión limitada de la intersección entre las opresiones de género, raza y sexualidad con las estructuras económicas del capitalismo. Para construir una izquierda verdaderamente transformadora, es esencial reconocer y apoyar estas luchas como parte integral de la lucha contra el neoliberalismo y por una sociedad más justa y equitativa. Hay que enfrentarse hoy a propuestas que proponen “purismos” en las luchas revolucionarias… de ahí a marxismos machistas, homofóbicos, aporofóbicos o racistas, hay sólo un paso, un peligroso paso, si lo duda, pregúntele a los Comunistas MAGA.

 

[1]: Davis, Angela. *Mujer, raza y clase*.

[2]: Mariátegui, José Carlos. *Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana*.

[3]: Davis, Angela. *Freedom Is a Constant Struggle*.

[4]: Crenshaw, Kimberlé. *Mapping the Margins: Intersectionality, Identity Politics, and Violence against Women of Color*.

 

* Político, periodista, comentarista de lo que usualmente todos comentan, a veces mamador de gallo, otras veces también. @TitoGomezCo

Marx y Engels, lectores de Darwin

martes, agosto 23, 2022 Add Comment


 La obra de Charles Darwin revolucionó nuestra comprensión de la naturaleza y tuvo un gran impacto en otros pensadores de su época, como Friedrich Engels y Karl Marx.


Escrito por Ian Angus

Solo se imprimieron 1250 ejemplares de la primera edición de El origen de las especies, y todos se vendieron en un día. Uno de los que obtuvo un ejemplar fue Friedrich Engels, que entonces vivía en Manchester. Tres semanas más tarde, escribió a Karl Marx:

Darwin, por cierto, a quien estoy leyendo ahora, es absolutamente espléndido. Había un aspecto de la teleología que todavía tenía que ser demolido, y eso ya se ha hecho. Nunca antes se había hecho un intento tan grandioso de demostrar la evolución histórica en la Naturaleza, y ciertamente nunca con tan buenos resultados.

Cuando Marx leyó El origen, un año más tarde, quedó igual de entusiasmado. En 1862, Marx se empeñó en asistir a las conferencias públicas sobre la evolución impartidas por Thomas Huxley, partidario de Darwin, y animó a sus socios políticos a unirse a él. Wilhelm Liebknecht, un amigo y camarada que visitaba a menudo a la familia Marx en Londres, recordó más tarde: «cuando Darwin sacó las conclusiones de su trabajo de investigación y las puso en conocimiento del público, durante meses no hablamos de otra cosa que de Darwin y de la enorme importancia de sus descubrimientos científicos».

Aunque Marx y Engels criticaron varios aspectos de su «torpe estilo inglés de argumentación», conservaron la más alta estima por la obra científica de Darwin durante el resto de sus vidas. En su propia obra maestra, Marx describió El origen de las especies como una «obra que hace época».

Algunos argumentan hoy que no hay una conexión real entre el darwinismo y el marxismo, pero cualquiera que estudie seriamente las obras de Marx, Engels y Darwin comprenderá —aunque no esté de acuerdo— que Marx fue honesto y excepcionalmente perspicaz cuando escribió que El origen de las especies «contiene la base de la historia natural para nuestro punto de vista».

Para comprender lo que quería decir Marx tenemos que conocer lo que escribió Darwin y las razones por las que sus puntos de vista marcaron una ruptura radical con las ideas dominantes de su época.

Un revolucionario improbable

Charles Robert Darwin fue un revolucionario improbable. Su padre era un destacado médico y un rico inversor, y su abuelo, Josiah Wedgwood, fundador de una de las mayores empresas manufactureras de Europa. Podría haber llevado una vida de ocio, pero en lugar de ello dedicó su tiempo a la ciencia.

En 1825 su padre le envió a la Universidad de Edimburgo para que estudiara medicina, pero a Charles le interesaba mucho más estudiar la naturaleza. Al cabo de dos años abandonó los estudios y se matriculó en Cambridge para convertirse en sacerdote anglicano, una profesión respetable que le permitiría tener tiempo libre para coleccionar escarabajos, disecar pájaros o buscar fósiles.

Tras su graduación en 1831, un profesor le llevó a una expedición de geología de tres semanas en el norte de Gales, y luego su profesor de botánica le recomendó al capitán Robert Fitzroy de la Marina Real que buscaba un caballero naturalista para que viajara con él en un viaje de reconocimiento a Sudamérica y al Pacífico Sur.

Y así comenzó. El 27 de diciembre de 1831, Charles Darwin, de veintidós años, se embarcó en el HMS Beagle para realizar un viaje en el que llevó a cabo extensos y detallados estudios geológicos, escribió miles de páginas de observaciones científicas y recogió más de 1500 especímenes de vida viva y fósil.

Herejía

Cuando salió de Inglaterra, Darwin parece haber sido un cristiano convencional que estaba de acuerdo con «la gran mayoría de los naturalistas [que] creían que las especies eran producciones inmutables y que habían sido creadas por separado». Los fundamentalistas bíblicos y los deístas estaban de acuerdo en que las especies estaban fijadas por la ley divina: los perros pueden variar de aspecto, pero no se convierten en cerdos ni dan a luz a gatos.

Pero tras cinco años de investigación científica en el Beagle y dos más de estudio en casa, Darwin llegó a una conclusión herética: las especies no eran inmutables. Todos los animales descendían de ancestros comunes; las diferentes especies eran el resultado de cambios graduales a lo largo de millones de años, y Dios no tenía nada que ver.

Hoy es difícil apreciar lo chocante que sería esta idea en aquella época. Quienes cuestionaban la palabra de Dios eran percibidos como un peligro para el frágil orden social.

Sin embargo, en la década de 1830, la gente culta, incluido Darwin, sabía que la historia de la creación del Génesis no era literalmente cierta. La expansión del capitalismo en la década de 1700 había provocado el auge de la minería y la construcción de canales, lo que dejó al descubierto capas geológicas y fósiles que demostraban que la Tierra tenía millones de años de antigüedad, y no los seis mil años permitidos por la cronología bíblica. 

El registro fósil también demostró que animales desconocidos en la actualidad fueron comunes en el pasado, mientras que los animales modernos habían aparecido hacía relativamente poco tiempo, lo que contradecía la afirmación de que Dios creó todas las especies a la vez. La exploración mundial y el descubrimiento de más variedades de vida vegetal y animal de las que ningún europeo había imaginado jamás, muchas más de las que podrían haber vivido en el Edén o encontrado espacio en el arca de Noé.

Los científicos coincidieron en que solo había dos explicaciones posibles para las pruebas que se acumulaban. El influyente profesor de Cambridge William Whewell resumió las opciones:

O bien debemos aceptar la doctrina de la transmutación de las especies, y suponer que las especies organizadas de una época geológica se transmutaron en las de otra por alguna agencia prolongada de causas naturales; o bien, debemos creer en muchos actos sucesivos de creación y extinción de especies, fuera del curso común de la naturaleza; actos que, por lo tanto, podemos llamar propiamente milagrosos.

Whewell, como cualquier otro científico respetable de la época, no tenía ninguna duda sobre la respuesta: los animales y las plantas pueden variar en respuesta a las circunstancias externas, pero «el límite extremo de la variación puede alcanzarse normalmente en un breve período de tiempo: en resumen, las especies tienen una existencia real en la naturaleza, y no existe una transición de una a otra».

Si las especies no pudieran cambiar con el tiempo, solo los milagros podrían explicar el registro fósil. Pero, ¿cómo lo hizo Dios? ¿Cómo fue el proceso de la creación divina en la Tierra? El astrónomo John Herschell escribió que «la sustitución de las especies extinguidas por otras» era el «misterio de los misterios».

La evolución antes de Darwin

El hecho de que la clase dirigente científica creyera necesario negar la «transmutación de las especies» demuestra que no todo el mundo estaba de acuerdo en que las especies no podían cambiar. Pero antes de Darwin, solo dos autores propusieron teorías elaboradas sobre el cambio de las especies en el tiempo: Jean-Baptiste Lamarck y Robert Chambers.

A diferencia de Darwin, Lamarck no propuso la descendencia común, sino un modelo complejo en el que cada tipo de organismo pasaba por un proceso evolutivo independiente. La naturaleza crea constante y espontáneamente nuevas líneas evolutivas, empezando por animales unicelulares, que tienen un impulso innato para volverse más complejos, o perfectos, con el tiempo. Al final, si el ascenso no se interrumpe, alcanzan la cima de la perfección como seres humanos.

Pero la escalada se interrumpe a menudo por cambios ambientales a los que el animal debe responder. Las jirafas desarrollan cuellos largos al estirarse para alcanzar las hojas altas, mientras que los peces que viven en cuevas se vuelven ciegos porque no usan sus ojos, y esos cambios son heredados por su descendencia.

Más influyente en la opinión pública inglesa fue Vestigios de la historia natural de la creación, publicado anónimamente en 1844 por Robert Chambers. Atribuía toda la historia del universo a una «ley de desarrollo» ordenada por Dios que produjo estrellas, planetas y, finalmente, la vida. Después de que la primera vida surgiera espontáneamente en la Tierra, los animales y las plantas ascendieron por la escalera de la existencia. «La Providencia quiso que una especie diera a luz a otra, hasta que la segunda más alta dio a luz al hombre, que es la más alta».

Chambers quiso decir «dio a luz» literalmente. Basándose en la teoría de que los embriones pasan por etapas similares a las de los adultos de los animales más primitivos, llegó a la conclusión de que cuando llegaba el momento de una nueva especie, las hembras alargaban sus períodos de gestación para que su descendencia surgiera como la siguiente especie en la escala. Condenado universalmente por el establishment científico de la época, y casi olvidado hoy en día, Vestigios fue, sin embargo, un bestseller sensacional.

Esencialismo y teleología

La mayoría de los científicos profesionales, así como muchos aficionados y personas ajenas a la ciencia, ofrecieron sus opiniones sobre cómo se podía explicar o desterrar la aparente extinción y creación de especies. Aunque las explicaciones variaban, todas se basaban en una ideología común, los conceptos gemelos de esencialismo y teleología.

El esencialismo se basa en la primera ley de la lógica formal: que una cosa siempre es igual a sí misma, que A siempre es igual a A. Es una suposición útil, incluso necesaria para muchos propósitos, pero ignora la realidad del cambio: que con el tiempo todas las cosas decaen, o se transforman, o se combinan, de modo que A se convierte en algo que ya no es A. En la ciencia natural del siglo XIX, los pensadores esencialistas suponían que una especie era un tipo constante e inmutable, y que las variaciones observadas en la naturaleza eran accidentales y transitorias.

La teleología es la creencia de que todas las cosas están diseñadas o dirigidas inherentemente hacia un resultado final. Los pájaros recibieron alas para poder volar, las jirafas tuvieron cuellos largos para poder alcanzar las hojas altas, y la Tierra fue creada como un lugar para que la gente viviera. Los principales filósofos y científicos creían que la tierra y todo lo que hay en ella fue diseñado por Dios para lograr sus fines divinos.

La selección natural

En El origen, Darwin argumentó que tres factores se combinan para crear nuevas especies. 1) Presión de la población: todos los organismos tienden a tener más descendencia de la que puede sobrevivir en el entorno local. Muchos individuos no sobreviven o no son capaces de reproducirse. 2) Variaciones y heredabilidad: hay muchas variaciones entre los miembros de una población determinada: no hay dos individuos exactamente iguales. La mayoría de estas variaciones son heredables, es decir, se transmiten a la descendencia de los individuos en cuestión. Aunque la mayoría de estas variaciones son insignificantes (el color de los ojos, por ejemplo), algunas aumentan o disminuyen las posibilidades del individuo de sobrevivir y reproducirse. 3) La selección natural: los individuos con variaciones favorables tienden a tener más descendencia que la media; los que tienen variaciones desfavorables tienden a tener menos. En consecuencia, durante largos periodos de tiempo, las variaciones desfavorables tenderán a disminuir su frecuencia, mientras que las favorables se harán más comunes.

Darwin no solo especulaba. Su «teoría de la descendencia con modificación a través de la selección natural» fue desarrollada y luego puesta a punto en años de cuidadoso estudio y experimentación. En su casa de Kent diseccionó todo tipo de animales, crio palomas para aprender sobre la variación y la herencia, y experimentó con la germinación de las plantas y la dispersión de las semillas. Sobre todo, buscó y aprendió de personas con conocimientos prácticos: guardianes de caza, entusiastas de las palomas, criadores de ovejas y ganado, jardineros y directores de zoológicos. Estos métodos materialistas le llevaron a una teoría totalmente materialista en una época en la que el materialismo se consideraba subversivo y políticamente peligroso.

Entre 1838 y 1848, Inglaterra se vio arrastrada por una ola sin precedentes de acciones de masas, protestas políticas y huelgas. Las ideas radicales estaban infectando a la clase trabajadora, lo que llevó a muchos a esperar (o temer) un cambio revolucionario.

En lugar de arriesgarse a ser identificado con los radicales y tal vez condenado al ostracismo por sus colegas científicos, Darwin escribió en 1844 un relato de 270 páginas sobre su teoría, adjuntando una carta en la que pedía a su esposa que lo publicara si él moría, y no se lo dijo a nadie más. Solo a mediados de la década de 1850, cuando su reputación científica estaba asegurada y las turbulencias sociales de la década de 1840 habían pasado claramente, volvió al tema por el que ahora es más famoso. En noviembre de 1859 se publicó El origen de las especies por medio de la selección natural, o conservación de las razas en su lucha por la existencia.

La vuelta a la ciencia en el sentido correcto

Marx escribió que en los escritos de Hegel, la dialéctica «está de cabeza», por lo que había que darle la vuelta para descubrir «el núcleo racional dentro de la cáscara mística». Eso es lo que hicieron Marx y Engels en el proceso de elaboración de la base fundamental de sus puntos de vista, el materialismo histórico. Y eso es lo que hizo Darwin en El origen de las especies. 

Derribó el esencialismo. «Considero el término “especie” como dado arbitrariamente, por conveniencia, a un conjunto de individuos muy parecidos entre sí». Una especie no es una cosa, y el cambio no implica la transformación o sustitución de esa cosa: una especie es una población de individuos reales y concretos. Las variaciones no son excepciones ni desviaciones de la esencia de la especie: la variación es la realidad concreta de la naturaleza.

Y anuló la teleología. «Lejos de imaginar que los gatos existen para cazar bien a los ratones», escribió Thomas Huxley, estrecho colaborador de Darwin, «el darwinismo supone que los gatos existen porque cazan bien a los ratones; la caza no es el objetivo, sino la condición de su existencia». Cuando Darwin murió, en 1882, la evolución era aceptada por la gran mayoría de los científicos.

Evolución y marxismo

En 1844, mientras Darwin escribía en secreto su primer informe completo sobre la selección natural, Karl Marx estaba en París desarrollando su crítica al pensamiento político y filosófico contemporáneo. En sus cuadernos escribió: «La propia historia es una parte real de la historia natural y del desarrollo de la naturaleza en el hombre. La ciencia natural, con el tiempo, incorporará en sí misma la ciencia del hombre, así como la ciencia del hombre incorporará en sí misma la ciencia natural: habrá una sola ciencia».

Un año después, Marx y Engels escribieron La ideología alemana, la primera declaración madura de lo que se conoció como materialismo histórico. Inicialmente incluyeron este pasaje (posteriormente suprimido), que es similar a la declaración de 1844, pero más completo:

Solo conocemos una única ciencia, la ciencia de la historia. Se puede considerar la historia desde dos lados y dividirla en historia de la naturaleza e historia de los hombres. Sin embargo, ambos lados son inseparables; la historia de la naturaleza y la historia de los hombres dependen la una de la otra mientras existan los hombres.

Estos pasajes muestran por qué Marx y Engels estaban tan entusiasmados con la obra de Darwin. Quince años antes de El origen, confiaban en que la naturaleza podía explicarse utilizando los mismos principios históricos y materialistas que subyacían en su análisis de las sociedades humanas. Al proporcionar una confirmación exhaustiva y poderosamente argumentada de ese supuesto, el libro de Darwin completó el materialismo histórico.

Naturaleza y sociedad

Sin embargo, Engels también fue mordaz en su rechazo a los intentos de aplicar las leyes biológicas a la sociedad humana. En una carta al socialista ruso Pyotr Lavrov en 1875, señaló que los «darwinianos burgueses» —refiriéndose a una corriente política en Alemania que pretendía aplicar los puntos de vista de Darwin— primero afirmaban que el concepto político de «supervivencia del más apto» se aplicaba a la naturaleza, y luego invertían el proceso:

La teoría darwiniana de la lucha por la existencia se reduce a una extrapolación de la sociedad a la naturaleza animada de la teoría de Hobbes del bellum omnium contra omnes [guerra de todos contra todos] y de la teoría económico-burguesa de la competencia junto con la teoría maltusiana de la población. Una vez realizada esta hazaña (…) estas personas proceden a reextrapolar las mismas teorías de la naturaleza orgánica a la historia, y luego pretenden haber demostrado su validez como leyes eternas de la sociedad humana. La puerilidad de este procedimiento es evidente, y no hay necesidad de gastar palabras en ello.

Estos darwinianos políticos, concluyó Engels, pueden ser descritos «en primer lugar como malos economistas y en segundo lugar como malos naturalistas y filósofos». En 1845, en La ideología alemana, Marx y Engels habían argumentado que la capacidad de producir las necesidades vitales distingue a los humanos de otros animales, un argumento que Engels repitió y amplió en su libro inacabado «Dialéctica de la Naturaleza»:

Aceptemos por un momento la frase «lucha por la existencia», por el bien del argumento. Lo máximo que puede conseguir el animal es recolectar; el hombre produce, prepara los medios de subsistencia, en el sentido más amplio de las palabras, que sin él la naturaleza no habría producido. Esto hace imposible cualquier transferencia sin reservas de las leyes de la vida en las sociedades animales a la sociedad humana.

Engels estaba reafirmando un elemento fundamental de la visión marxista de la naturaleza: que las diferentes formas y complejidades de la materia implican diferentes leyes científicas. Las leyes que rigen los movimientos de los átomos y las moléculas no son las mismas que las leyes que rigen los movimientos de las bolas de billar; los seres humanos somos objetos físicos y biológicos, sujetos a las mismas leyes físicas y biológicas que los demás animales, pero también somos seres sociales que producimos nuestros medios de existencia, por lo que nuestras vidas y nuestra historia no pueden explicarse plenamente por la física y la biología.

Como escribió Engels, «la concepción de la historia como una serie de luchas de clases es ya mucho más rica en contenido y más profunda que la mera reducción a fases débilmente diferenciadas de la lucha por la existencia».

El logro de Darwin

Aparte de su oposición de toda la vida a la esclavitud y de su participación en los asuntos de la pequeña ciudad en la que vivía, Darwin parece haber tenido poco interés en la actividad o la teoría política. Sin embargo, como escribió el biólogo evolucionista Ernst Mayr, «en sus trabajos científicos demolió sistemáticamente uno tras otro los conceptos filosóficos básicos de su época y los sustituyó por conceptos nuevos y revolucionarios».

Al hacerlo, Darwin contribuyó involuntariamente a las teorías sociales más revolucionarias jamás desarrolladas, las ideas que hoy conocemos como marxismo, y las fortaleció. Es posible, como señala Paul Heyer, ser darwinista en biología y rechazar el marxismo, pero no es posible ser un marxista consecuente y rechazar a Darwin.

La razón es básica. En el centro de la visión de Marx está la suposición de que la naturaleza y la historia encajan para formar una totalidad. Dado que el hombre surgió de la naturaleza y sigue dependiendo de ella y transformándola, la historia como ciencia seguirá siendo incompleta hasta que se comprenda plenamente este fundamento. Y nadie ha contribuido más a esta comprensión que Darwin.

La idea de que la naturaleza tiene una historia, de que las especies surgen, cambian y desaparecen a través de procesos naturales, es tan revolucionaria, y tan importante para el pensamiento socialista como la idea de que el capitalismo no es eterno, sino que surgió en un momento determinado y un día desaparecerá de la Tierra.

El texto anterior es traducción de una versión abreviada de «A Redder Shade of Green: Intersections of Science and Socialism» de Ian Angus (Monthly Review Press, 2017), publicada en Tribune.

Giorgio Agamben - La intervención de una epidemia

Giorgio Agamben - La intervención de una epidemia

domingo, abril 25, 2021 Add Comment


 Por: Giorgio Agamben / Quodlibet


Frente a las medidas de emergencia frenéticas, irracionales y completamente injustificadas para una supuesta epidemia debida al coronavirus, es necesario partir de las declaraciones de la CNR*, según las cuales no sólo “no hay ninguna epidemia de SARS-CoV2 en Italia”, sino que de todos modos “la infección, según los datos epidemiológicos disponibles hoy en día sobre decenas de miles de casos, provoca síntomas leves/moderados (una especie de gripe) en el 80-90% de los casos”. En el 10-15% de los casos, puede desarrollarse una neumonía, cuyo curso es, sin embargo, benigno en la mayoría de los casos. Se estima que sólo el 4% de los pacientes requieren hospitalización en cuidados intensivos”.

Si esta es la situación real, ¿por qué los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico, provocando un verdadero estado de excepción, con graves limitaciones de los movimientos y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida y de trabajo en regiones enteras?

Dos factores pueden ayudar a explicar este comportamiento desproporcionado. En primer lugar, hay una tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno. El decreto-ley aprobado inmediatamente por el gobierno “por razones de salud y seguridad pública” da lugar a una verdadera militarización “de los municipios y zonas en que se desconoce la fuente de transmisión de al menos una persona o en que hay un caso no atribuible a una persona de una zona ya infectada por el virus”. Una fórmula tan vaga e indeterminada permitirá extender rápidamente el estado de excepción en todas las regiones, ya que es casi imposible que otros casos no se produzcan en otras partes. Consideremos las graves restricciones a la libertad previstas en el decreto: a) prohibición de expulsión del municipio o zona en cuestión por parte de todos los individuos presentes en cualquier caso en el municipio o zona; b) prohibición de acceso al municipio o zona en cuestión; c) suspensión de eventos o iniciativas de cualquier tipo, actos y toda forma de reunión en un lugar público o privado, incluidos los de carácter cultural, recreativo, deportivo y religioso, aunque se celebren en lugares cerrados y abiertos al público; d) suspensión de los servicios de educación para niños y escuelas de todos los niveles y grados, así como de la asistencia a actividades escolares y de educación superior, excepto las actividades de educación a distancia; e) suspensión de los servicios de apertura al público de museos y otras instituciones y lugares culturales a que se refiere el artículo 101 del Código del Patrimonio Cultural y del Paisaje, según lo dispuesto en el Decreto Legislativo 22 de enero de 2004, n. 42, así como la eficacia de las disposiciones reglamentarias sobre el acceso libre e irrestricto a esas instituciones y lugares; f) suspensión de todos los viajes educativos, tanto en Italia como en el extranjero; g) suspensión de los procedimientos de quiebra y de las actividades de las oficinas públicas, sin perjuicio de la prestación de los servicios esenciales y de los servicios públicos; h) aplicación de la medida de cuarentena con vigilancia activa entre las personas que hayan estado en estrecho contacto con casos confirmados de enfermedades infecciosas generalizadas.

La desproporción frente a lo que según la CNR es una gripe normal, no muy diferente de las que se repiten cada año, es sorprendente. Parecería que, habiendo agotado el terrorismo como causa de las medidas excepcionales, la invención de una epidemia puede ofrecer el pretexto ideal para extenderlas más allá de todos los límites.

El otro factor, no menos inquietante, es el estado de miedo que evidentemente se ha extendido en los últimos años en las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad real de estados de pánico colectivo, a los que la epidemia vuelve a ofrecer el pretexto ideal. Así, en un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla.

26 de febrero de 2020


* CNR es la sigla de El Consiglio Nazionale delle Ricerche [Consejo Nacional de Investigación].

Crisis mundial y explotación laboral en Colombia

lunes, junio 05, 2017 Add Comment

Crisis mundial y explotación
laboral en Colombia

Imagen relacionadaCorresponde al movimiento sindical de clase organizado en alianza con los sectores populares enfrentar la crisis estructural generada por el sistema mundo capitalista. Es la presencia organizada y consciente de la subjetividad de la clase trabajadora y del "poder popular" que tienen el potencial de encaminarse por los senderos reales de la transformación que demanda la dignidad humana, individual y colectiva, para sobrevivir.
Libardo Sarmiento Anzola
Filósofo y magíster en Teoría Económica Universidad Nacional de Colombia,
Economista Universidad La Gran Colombia
Población y economía mundial
En las sociedades modernas capitalistas, el denso crecimiento poblacional y la vertiginosa producción de bienes y servicios están correlacionados. Desde 1750, el núcleo de la evolución de la humanidad está constituido por la imparable acumulación de capital global y el crecimiento poblacional en proporciones geométricas. El incremento acelerado de la población (la velocidad de crecimiento es proporcional a la población existente, los nacimientos, las muertes y a la esperanza de vida) impone una expansión de la producción y una tecnología agresiva. A la vez, el capitalismo conduce al extremo la expoliación de la naturaleza y agudiza el antagonismo entre clases sociales.
En el año 1800 la población mundial comenzó a acercarse a la cifra de un mil millones; un siglo después, en 1900, los habitantes del planeta sumaban 1.600 millones; en el año 2000 la especie humana se disparó a 6.071 millones. Para el año 2030 el número de individuos humanos vivos se estima en 8.514 millones (Gráfico 1). La tasa de crecimiento poblacional promedio durante estos 230 años es de 2 por ciento; ésta medida es un factor que determina la magnitud de las demandas que la sociedad debe satisfacer por la evolución de las necesidades de sus habitantes en cuestión de infraestructura, recursos ambientales, alimentos, energía, ropa, transporte, comunicación, vivienda, servicios sociales, empleo e ingresos (actualmente es de 1,2% la tasa anual acumulativa). En el período 1800-2030 la población mundial se multiplica por 8,7 veces.
Respecto al crecimiento económico, el valor global de la producción de bienes y servicios sumaba USD$ 463.320 millones en el año 1800. En 1900 el PIB mundial fue de USD$ 3,4 billones y en 2000 llegó a la cifra de USD$ 43,5 billones. Para el año 2030 el valor del PIB mundial se estima en USD$ 96,6 billones (millones de millones). En promedio, durante toda la historia del capitalismo, la tasa de crecimiento compuesto fluctúa alrededor de 2,3 por ciento anual (negativa durante los períodos de crisis financiera y económica: 1825; 1847-1848; 1873-1896; 1929-1939; 1974-1982; 2007-2009; entre los años 1945-1973 el ritmo se aceleró a 5% y actualmente crece al 2%, con tendencia a crecer durante la década de 2020 al 3%). Resumiendo, en el período 1800-2030 el valor del PIB mundial se multiplica 208,5 veces; una velocidad 24 veces superior al crecimiento poblacional (Gráfico 1).
En menos de tres siglos, hay una clara tendencia mundial hacia la sobrepoblación, el crecimiento insostenible, la concentración y centralización del capital y la destrucción de la naturaleza. El imparable aumento de las fuerzas productivas, de la producción y el consumo, en un marco de profundas iniquidades e injusticia social hace cada vez más evidentes y violentos los conflictos sociales, los impactos ambientales negativos y las tensiones bélicas entre naciones. Ninguna otra especie biológica se ha multiplicado tanto ni somete a su entorno vital a tensiones, riesgos y crisis como el animal humano.
Hasta la década de 1960, los movimientos social y sindical de clase organizado alcanzaron importantes victorias reflejadas en políticas sociales, democracia, estabilidad laboral y mejoras salariales. La alianza clasista Capital-Estado tomo la revancha y contraofensiva a partir de la década de 1970 con la intensión de incrementar la tasa de ganancia o plusvalía. Con este fin, transformó radicalmente el espíritu capitalista el cual se materializó a través de cinco dinámicas: i) expansión global de la fuerza del capital; ii) financiarización: desregulación y dominio del capital financiero sobre el productivo; iii) ideología y política neoliberal: individualismo económico, privatización y desnacionalización de la estructura económica, colapso del Estado de Bienestar, mercadocentrismo como eje de organización social; iv) destrucción del "sujeto histórico" del cambio, eliminación del movimiento sindical de clase, rompimiento del tejido social, flexibilización y precarización laboral; v) implementación de la tercera (1970 a 2000) y cuarta (a partir de 2015) revoluciones industriales (caracterizadas por la introducción de la cibernética, la automatización de la producción, TICs, "fabricas inteligentes", robotización, androides, digitalización, internet de las cosas, blockchain, coordinación en redes de las unidades productivas a escala mundial) que han elevado la productividad del trabajo, destruido empleos e impulsado la caída de los salarios. El resultado de este "nuevo espíritu del capital" durante el último medio siglo es el desempleo estructural (según la OIT, en 2017, el desempleo mundial supera los 200 millones de personas, 30 millones más que el nivel anterior a la crisis de 2007; para 2020 se estima que se habrán perdido 8 millones de puestos de trabajo adicionales), el incremento de la explotación de la fuerza laboral y la caída de la participación de los ingresos salariales en el PIB.
En efecto, a partir de 1970, la plusvalía extraída y la tasa de explotación de la fuerza laboral vienen incrementándose en el sistema mundo capitalista. El capital continua su tendencia imparable de concentrar más riqueza e ingreso, mientras la fuerza labora pierde participación en el ingreso nacional. La proporción del ingreso nacional que perciben los trabajadores remunerados es menor y desde los años 1980 disminuye a mayor velocidad. Según el informe del Fondo Monetario Internacional "Perspectivas de la economía mundial" (abril de 2017), esta tendencia obedece al rápido progreso de la tecnología y la globalización o integración mundial. La participación de la fuerza laboral en el ingreso se reduce cuando los salarios crecen a un ritmo más lento que la productividad, es decir, la cantidad de producto generado por trabajo. El resultado es que una proporción cada vez mayor de las mejoras de la productividad ha estado beneficiando al capital. Y como el capital tiende a concentrarse en los extremos superiores de la distribución del ingreso, las participaciones más reducidas de la fuerza laboral en el ingreso tienden a elevar la desigualdad del ingreso.
En las economías avanzadas, las participaciones de la fuerza laboral en el ingreso iniciaron una tendencia descendente en la década de 1980, y alcanzaron su nivel más bajo del último medio siglo justo antes de la crisis financiera mundial de 2007–2009; desde entonces no se han recuperado sustancialmente, y ahora están en un nivel casi 4 puntos porcentuales más bajo que en 1970. En los países capitalistas que concentran el poder económico mundial, la proporción del ingreso que perciben los trabajadores cayó de 55 a 51 por ciento, entre 1970 y 2015. En los países periféricos la situación es aún más lamentable, entre 1990 y 2015 la evolución de la participación de la fuerza laboral en el ingreso descendió de 39,5 a 37,1 por ciento.
Explotación de la fuerza laboral en Colombia
En Colombia, la clase trabajadora no escapa a esta participación decreciente de los salarios en el ingreso nacional. Tendencia que se mantiene desde la segunda mitad del siglo XX: Entre 1962 y 2016  descendió la participación de los trabajadores de 44,3 a 36,7 por ciento del ingreso. El pedazo mayor de la torta la engulle el Excedente Bruto de Explotación (EBE) al concentrar el 61,1 por ciento del valor agregado nacional; los impuestos aumentan de manera sostenida su participación y actualmente el aparato burocrático-militar y la clase política se quedan con el 2,2 por ciento del valor producido por la clase trabajadora.
Históricamente, la sociedad colombiana hace parte de los diez países del mundo con niveles intolerables de injusticia social y peor distribución del ingreso y la riqueza (concentrados en África y América Latina). Entre 1960-2017 en valor promedio del índice que mide la desigualdad (Gini) se mantiene en 0,536, registrando un drástico deterioro a partir de la década de 1990 (de acuerdo con Naciones Unidas, un coeficiente de Gini superior a 0,40 es alarmante, indica una realidad de polarización entre ricos y pobres, siendo caldo de cultivo para el antagonismo entre las distintas clases sociales), mientras el crecimiento económico registra un promedio anual de 4,1 por ciento. Sin importar el momento del ciclo por el que la economía atraviese, la oligarquía siempre gana (Gráfico 2): durante el auge, el producto del trabajo social es privatizado en manos de los dueños del capital y los controladores del Estado Corporativista y patrimonialista; en la crisis, las consecuencias y medidas adversas para reanimar la actividad económica se descargan sobre la clase trabajadora (desempleo, caída salarial, recortes al gasto social, mayores impuestos al consumo, informalidad).
La estructura económica colombiana ha privilegiado las actividades extractivas y rentistas (extensivas e intensivas) y la especulación financiera, poco generadoras de empleo y con altas tasas de explotación de la fuerza laboral. Durante el último siglo, el capital productivo pierde importancia en favor de la financiarización de la economía y el sector minero-energético. En 1925 el sector agropecuario contribuía con el 59 por ciento del PIB, en 2016 su participación cayó a 6 por ciento; el sector industrial aportó una cuarta parte del PIB en 1976 y en 2016 sólo contribuye con el 11 por ciento; en contraste, el sector financiero representaba el 2,6 por ciento del valor económico en 1925, ahora concentra el 19,7 por ciento; la explotación minero-energética paso de representar el 1,5 por ciento del PIB a 10,1 por ciento en el período 1925-2016.
Al finalizar 2016, el número de ocupados en Colombia sumaba 22.836.522 trabajadores. Cuatro de las 10 ramas, según la clasificación de las actividades económicas hecha por el DANE, concentran el 75,4 por ciento de los ocupados: Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (16,3%), industria manufacturera (12,1%), Comercio, hoteles y restaurantes (27,8%) y Servicios comunales, sociales y personales (19,2%). La rama de actividades minero energéticas ocupa a 129.657 trabajadores, esto es,  el 0,6 por ciento de la clase trabajadora ocupada; la intermediación financiera genera 332.106 empleos, el 1,5 por ciento de la población ocupada (Gráfico 3).
El número de sindicalizados supera ligeramente el millón de trabajadores (4,4% del total), con una amplia concentración de los afiliados en los sectores de la educación (más de 300.000), industria (90.000), agroalimentario (36.000), minero energético (42.500), suministro de servicios públicos (26.000) e intermediación financiera (28.000). Adicional al problema de la baja densidad, el sindicalismo colombiano padece otra grave dificultad que le resta aun mayor eficacia: su alta fragmentación (el número de sindicatos es  cercano a los 5.000).
Por ramas de actividad, la participación relativa más alta por parte de los asalariados en el PIB corresponde a "Actividades de servicios sociales, comunales y personales" con el 76,1 por ciento (Gráfico 4). La proporción porcentual más baja que perciben los trabajadores es en la "Extracción de petróleo y gas natural" con el 12,5 por ciento; además, en este sector los impuestos son bajos (1,4%) comparativamente; en consecuencia, el valor agregado concentrado por el capital es de los más altos en el conjunto de la economía nacional (86,1%). En la intermediación financiera el 30,1 por ciento del valor agregado es apropiado por los trabajadores, el 66,6 por ciento por los dueños del capital financiero y el 3,3 por ciento restante por el Estado.
En 2016, el promedio de valor agregado mensual generado por trabajador en Colombia es de COP$ 2,8 millones (Gráfico 5). Por ramas de actividad, tres registran el más alto producto por trabajador: "Explotación de Minas y Canteras" (COP$ 31,4 millones mensuales), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (COP$ 18,5 millones mensuales) e "Intermediación financiera" (COP$ 10.9 millones mensuales).
El salario promedio mensual por trabajador, en 2016, fue COP$ 844.000. En tres sectores económicos los salarios promedio mensuales superan los tres millones de pesos: "Explotación de Minas y Canteras" (COP$ 4,5 millones), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (COP$ 3,2 millones) e "Intermediación financiera" (COP$ 3,4 millones). Los trabajadores con ingresos más precarios (inferiores a COP$ 1 millón mensual) se encuentran en las ramas de actividad "Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca", "Comercio, hoteles y restaurantes", "Transporte, almacenamiento y comunicaciones" y "Servicios comunales, sociales y personales".
La relación entre valor agregado y salarios es de 3 veces en el conjunto de la economía nacional. En cinco ramas de actividad económica esta proporción es superior al promedio nacional: "Explotación de Minas y Canteras" (7), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (6), "Construcción" (5), "Transporte, almacenamiento y comunicaciones" (4) y "Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler" (4).
Corresponde al movimiento sindical de clase organizado en alianza con los sectores populares enfrentar la crisis estructural generada por el sistema mundo capitalista. Es la presencia organizada y consciente de la subjetividad de la clase trabajadora y del "poder popular" que tienen el potencial de encaminarse por los senderos reales de la transformación que demanda la dignidad humana, individual y colectiva, para sobrevivir.

http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/crisis-mundial-y-explotacion-laboral-en-colombia
Edición 544 – Semana del 2 al 8 de Junio de 2017