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lunes, abril 05, 2021 Add Comment

 Foro Abierto: Pacto Histórico y Derechos del Trabajo Sábado 10 de Abril 2:00 p.m. (Vía Zoom). 



Vamos a contribuir a generar la Agenda de Cambios para la recuperación de los derechos del trabajo en el marco del Debate del 

PACTO HISTÓRICO.


Requiere Inscripción Previa (Cupo Limitado): https://forms.gle/eYApBswtUYSfp6NFA

Se inicia la huelga en Indupalma

jueves, enero 25, 2018 Add Comment


Hoy arrancó la huelga de los trabajadores tercerizados de INDUPALMA quienes piden contratación Directa, trabajo digno y derechos del trabajo. Los Huelguistas han sufrido amenazas y solicitan el respaldo y la solidaridad de la clase trabajadora Nacional e internacional.


















Nuevo golpe a la venta de la ETB.

lunes, julio 24, 2017 Add Comment
Nuevo golpe a la venta de la ETB. Un juzgado de la ciudad de Bogotá en las últimas horas admitió la demanda presentada contra la Asamblea de accionistas que autorizó la venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá -ETB. 

Carlos Carreño del periodico el Quijote (@elquijote30) entrevista a  Abel Amado de Sintrateléfonos, quien nos informa sobre el caso.


Crisis mundial y explotación laboral en Colombia

lunes, junio 05, 2017 Add Comment

Crisis mundial y explotación
laboral en Colombia

Imagen relacionadaCorresponde al movimiento sindical de clase organizado en alianza con los sectores populares enfrentar la crisis estructural generada por el sistema mundo capitalista. Es la presencia organizada y consciente de la subjetividad de la clase trabajadora y del "poder popular" que tienen el potencial de encaminarse por los senderos reales de la transformación que demanda la dignidad humana, individual y colectiva, para sobrevivir.
Libardo Sarmiento Anzola
Filósofo y magíster en Teoría Económica Universidad Nacional de Colombia,
Economista Universidad La Gran Colombia
Población y economía mundial
En las sociedades modernas capitalistas, el denso crecimiento poblacional y la vertiginosa producción de bienes y servicios están correlacionados. Desde 1750, el núcleo de la evolución de la humanidad está constituido por la imparable acumulación de capital global y el crecimiento poblacional en proporciones geométricas. El incremento acelerado de la población (la velocidad de crecimiento es proporcional a la población existente, los nacimientos, las muertes y a la esperanza de vida) impone una expansión de la producción y una tecnología agresiva. A la vez, el capitalismo conduce al extremo la expoliación de la naturaleza y agudiza el antagonismo entre clases sociales.
En el año 1800 la población mundial comenzó a acercarse a la cifra de un mil millones; un siglo después, en 1900, los habitantes del planeta sumaban 1.600 millones; en el año 2000 la especie humana se disparó a 6.071 millones. Para el año 2030 el número de individuos humanos vivos se estima en 8.514 millones (Gráfico 1). La tasa de crecimiento poblacional promedio durante estos 230 años es de 2 por ciento; ésta medida es un factor que determina la magnitud de las demandas que la sociedad debe satisfacer por la evolución de las necesidades de sus habitantes en cuestión de infraestructura, recursos ambientales, alimentos, energía, ropa, transporte, comunicación, vivienda, servicios sociales, empleo e ingresos (actualmente es de 1,2% la tasa anual acumulativa). En el período 1800-2030 la población mundial se multiplica por 8,7 veces.
Respecto al crecimiento económico, el valor global de la producción de bienes y servicios sumaba USD$ 463.320 millones en el año 1800. En 1900 el PIB mundial fue de USD$ 3,4 billones y en 2000 llegó a la cifra de USD$ 43,5 billones. Para el año 2030 el valor del PIB mundial se estima en USD$ 96,6 billones (millones de millones). En promedio, durante toda la historia del capitalismo, la tasa de crecimiento compuesto fluctúa alrededor de 2,3 por ciento anual (negativa durante los períodos de crisis financiera y económica: 1825; 1847-1848; 1873-1896; 1929-1939; 1974-1982; 2007-2009; entre los años 1945-1973 el ritmo se aceleró a 5% y actualmente crece al 2%, con tendencia a crecer durante la década de 2020 al 3%). Resumiendo, en el período 1800-2030 el valor del PIB mundial se multiplica 208,5 veces; una velocidad 24 veces superior al crecimiento poblacional (Gráfico 1).
En menos de tres siglos, hay una clara tendencia mundial hacia la sobrepoblación, el crecimiento insostenible, la concentración y centralización del capital y la destrucción de la naturaleza. El imparable aumento de las fuerzas productivas, de la producción y el consumo, en un marco de profundas iniquidades e injusticia social hace cada vez más evidentes y violentos los conflictos sociales, los impactos ambientales negativos y las tensiones bélicas entre naciones. Ninguna otra especie biológica se ha multiplicado tanto ni somete a su entorno vital a tensiones, riesgos y crisis como el animal humano.
Hasta la década de 1960, los movimientos social y sindical de clase organizado alcanzaron importantes victorias reflejadas en políticas sociales, democracia, estabilidad laboral y mejoras salariales. La alianza clasista Capital-Estado tomo la revancha y contraofensiva a partir de la década de 1970 con la intensión de incrementar la tasa de ganancia o plusvalía. Con este fin, transformó radicalmente el espíritu capitalista el cual se materializó a través de cinco dinámicas: i) expansión global de la fuerza del capital; ii) financiarización: desregulación y dominio del capital financiero sobre el productivo; iii) ideología y política neoliberal: individualismo económico, privatización y desnacionalización de la estructura económica, colapso del Estado de Bienestar, mercadocentrismo como eje de organización social; iv) destrucción del "sujeto histórico" del cambio, eliminación del movimiento sindical de clase, rompimiento del tejido social, flexibilización y precarización laboral; v) implementación de la tercera (1970 a 2000) y cuarta (a partir de 2015) revoluciones industriales (caracterizadas por la introducción de la cibernética, la automatización de la producción, TICs, "fabricas inteligentes", robotización, androides, digitalización, internet de las cosas, blockchain, coordinación en redes de las unidades productivas a escala mundial) que han elevado la productividad del trabajo, destruido empleos e impulsado la caída de los salarios. El resultado de este "nuevo espíritu del capital" durante el último medio siglo es el desempleo estructural (según la OIT, en 2017, el desempleo mundial supera los 200 millones de personas, 30 millones más que el nivel anterior a la crisis de 2007; para 2020 se estima que se habrán perdido 8 millones de puestos de trabajo adicionales), el incremento de la explotación de la fuerza laboral y la caída de la participación de los ingresos salariales en el PIB.
En efecto, a partir de 1970, la plusvalía extraída y la tasa de explotación de la fuerza laboral vienen incrementándose en el sistema mundo capitalista. El capital continua su tendencia imparable de concentrar más riqueza e ingreso, mientras la fuerza labora pierde participación en el ingreso nacional. La proporción del ingreso nacional que perciben los trabajadores remunerados es menor y desde los años 1980 disminuye a mayor velocidad. Según el informe del Fondo Monetario Internacional "Perspectivas de la economía mundial" (abril de 2017), esta tendencia obedece al rápido progreso de la tecnología y la globalización o integración mundial. La participación de la fuerza laboral en el ingreso se reduce cuando los salarios crecen a un ritmo más lento que la productividad, es decir, la cantidad de producto generado por trabajo. El resultado es que una proporción cada vez mayor de las mejoras de la productividad ha estado beneficiando al capital. Y como el capital tiende a concentrarse en los extremos superiores de la distribución del ingreso, las participaciones más reducidas de la fuerza laboral en el ingreso tienden a elevar la desigualdad del ingreso.
En las economías avanzadas, las participaciones de la fuerza laboral en el ingreso iniciaron una tendencia descendente en la década de 1980, y alcanzaron su nivel más bajo del último medio siglo justo antes de la crisis financiera mundial de 2007–2009; desde entonces no se han recuperado sustancialmente, y ahora están en un nivel casi 4 puntos porcentuales más bajo que en 1970. En los países capitalistas que concentran el poder económico mundial, la proporción del ingreso que perciben los trabajadores cayó de 55 a 51 por ciento, entre 1970 y 2015. En los países periféricos la situación es aún más lamentable, entre 1990 y 2015 la evolución de la participación de la fuerza laboral en el ingreso descendió de 39,5 a 37,1 por ciento.
Explotación de la fuerza laboral en Colombia
En Colombia, la clase trabajadora no escapa a esta participación decreciente de los salarios en el ingreso nacional. Tendencia que se mantiene desde la segunda mitad del siglo XX: Entre 1962 y 2016  descendió la participación de los trabajadores de 44,3 a 36,7 por ciento del ingreso. El pedazo mayor de la torta la engulle el Excedente Bruto de Explotación (EBE) al concentrar el 61,1 por ciento del valor agregado nacional; los impuestos aumentan de manera sostenida su participación y actualmente el aparato burocrático-militar y la clase política se quedan con el 2,2 por ciento del valor producido por la clase trabajadora.
Históricamente, la sociedad colombiana hace parte de los diez países del mundo con niveles intolerables de injusticia social y peor distribución del ingreso y la riqueza (concentrados en África y América Latina). Entre 1960-2017 en valor promedio del índice que mide la desigualdad (Gini) se mantiene en 0,536, registrando un drástico deterioro a partir de la década de 1990 (de acuerdo con Naciones Unidas, un coeficiente de Gini superior a 0,40 es alarmante, indica una realidad de polarización entre ricos y pobres, siendo caldo de cultivo para el antagonismo entre las distintas clases sociales), mientras el crecimiento económico registra un promedio anual de 4,1 por ciento. Sin importar el momento del ciclo por el que la economía atraviese, la oligarquía siempre gana (Gráfico 2): durante el auge, el producto del trabajo social es privatizado en manos de los dueños del capital y los controladores del Estado Corporativista y patrimonialista; en la crisis, las consecuencias y medidas adversas para reanimar la actividad económica se descargan sobre la clase trabajadora (desempleo, caída salarial, recortes al gasto social, mayores impuestos al consumo, informalidad).
La estructura económica colombiana ha privilegiado las actividades extractivas y rentistas (extensivas e intensivas) y la especulación financiera, poco generadoras de empleo y con altas tasas de explotación de la fuerza laboral. Durante el último siglo, el capital productivo pierde importancia en favor de la financiarización de la economía y el sector minero-energético. En 1925 el sector agropecuario contribuía con el 59 por ciento del PIB, en 2016 su participación cayó a 6 por ciento; el sector industrial aportó una cuarta parte del PIB en 1976 y en 2016 sólo contribuye con el 11 por ciento; en contraste, el sector financiero representaba el 2,6 por ciento del valor económico en 1925, ahora concentra el 19,7 por ciento; la explotación minero-energética paso de representar el 1,5 por ciento del PIB a 10,1 por ciento en el período 1925-2016.
Al finalizar 2016, el número de ocupados en Colombia sumaba 22.836.522 trabajadores. Cuatro de las 10 ramas, según la clasificación de las actividades económicas hecha por el DANE, concentran el 75,4 por ciento de los ocupados: Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (16,3%), industria manufacturera (12,1%), Comercio, hoteles y restaurantes (27,8%) y Servicios comunales, sociales y personales (19,2%). La rama de actividades minero energéticas ocupa a 129.657 trabajadores, esto es,  el 0,6 por ciento de la clase trabajadora ocupada; la intermediación financiera genera 332.106 empleos, el 1,5 por ciento de la población ocupada (Gráfico 3).
El número de sindicalizados supera ligeramente el millón de trabajadores (4,4% del total), con una amplia concentración de los afiliados en los sectores de la educación (más de 300.000), industria (90.000), agroalimentario (36.000), minero energético (42.500), suministro de servicios públicos (26.000) e intermediación financiera (28.000). Adicional al problema de la baja densidad, el sindicalismo colombiano padece otra grave dificultad que le resta aun mayor eficacia: su alta fragmentación (el número de sindicatos es  cercano a los 5.000).
Por ramas de actividad, la participación relativa más alta por parte de los asalariados en el PIB corresponde a "Actividades de servicios sociales, comunales y personales" con el 76,1 por ciento (Gráfico 4). La proporción porcentual más baja que perciben los trabajadores es en la "Extracción de petróleo y gas natural" con el 12,5 por ciento; además, en este sector los impuestos son bajos (1,4%) comparativamente; en consecuencia, el valor agregado concentrado por el capital es de los más altos en el conjunto de la economía nacional (86,1%). En la intermediación financiera el 30,1 por ciento del valor agregado es apropiado por los trabajadores, el 66,6 por ciento por los dueños del capital financiero y el 3,3 por ciento restante por el Estado.
En 2016, el promedio de valor agregado mensual generado por trabajador en Colombia es de COP$ 2,8 millones (Gráfico 5). Por ramas de actividad, tres registran el más alto producto por trabajador: "Explotación de Minas y Canteras" (COP$ 31,4 millones mensuales), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (COP$ 18,5 millones mensuales) e "Intermediación financiera" (COP$ 10.9 millones mensuales).
El salario promedio mensual por trabajador, en 2016, fue COP$ 844.000. En tres sectores económicos los salarios promedio mensuales superan los tres millones de pesos: "Explotación de Minas y Canteras" (COP$ 4,5 millones), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (COP$ 3,2 millones) e "Intermediación financiera" (COP$ 3,4 millones). Los trabajadores con ingresos más precarios (inferiores a COP$ 1 millón mensual) se encuentran en las ramas de actividad "Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca", "Comercio, hoteles y restaurantes", "Transporte, almacenamiento y comunicaciones" y "Servicios comunales, sociales y personales".
La relación entre valor agregado y salarios es de 3 veces en el conjunto de la economía nacional. En cinco ramas de actividad económica esta proporción es superior al promedio nacional: "Explotación de Minas y Canteras" (7), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (6), "Construcción" (5), "Transporte, almacenamiento y comunicaciones" (4) y "Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler" (4).
Corresponde al movimiento sindical de clase organizado en alianza con los sectores populares enfrentar la crisis estructural generada por el sistema mundo capitalista. Es la presencia organizada y consciente de la subjetividad de la clase trabajadora y del "poder popular" que tienen el potencial de encaminarse por los senderos reales de la transformación que demanda la dignidad humana, individual y colectiva, para sobrevivir.

http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/crisis-mundial-y-explotacion-laboral-en-colombia
Edición 544 – Semana del 2 al 8 de Junio de 2017


El exterminio de la Unión Patriótica y sus lecciones para nuestros días

El exterminio de la Unión Patriótica y sus lecciones para nuestros días

jueves, febrero 16, 2017 Add Comment

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Este libro narra de manera conmovedora el genocidio de la UP, un hecho desconocido e incluso negado por muchos. Ahora que comienza el posconflicto y que los líderes sociales se ven amenazados, recordar esta historia parece más pertinente que nunca.  



Tatiana AlfonsoTatiana Alfonso* / Razón Pública
Yesid Campos Zornosa
Bogotá: Ícono
2014

Una historia olvidada

Hace varios años, en una clase que dictaba en una universidad privada en Bogotá, decidí discutir el asesinato de los militantes de la Unión Patriótica (UP) como parte de una clase de sociología del derecho. Este ejercicio quería demostrar, entre otras cosas, que muchas de las muertes en el conflicto armado colombiano respondían a patrones sistemáticos de exterminio por razones políticas o económicas. ¡Cuál sería mi sorpresa cuando ninguno de mis estudiantes había oído sobre la existencia de la UP y mucho menos sobre los asesinatos de sus militantes!
En ese entonces encontré el documental El baile rojo en una versión por partes en YouTube. Esto me permitió mostrar a los estudiantes la historia de la UP. Me ocupé por un tiempo de buscar materiales sobre el caso y noté que su desconocimiento no era solo un tema generacional, de posición política o de clase social. Parecía que el país se había ocupado poco de recordar el caso de la UP o quería olvidarlo.
Algunos años después supe que el documental tenía una versión escrita que, con el mismo título, reconstruía la historia del exterminio de los militantes de la UP.  Ahora decido reseñar el libro porque, no obstante el paso de los años, hoy parece más actual que nunca dado que el actual “posconflicto” está siendo  acompañado de violencia sistemática contra líderes sociales que luchan por sus derechos territoriales.

La narración

Cineforo: El Baile Rojo, en memoria por el genocidio a la Unión Patriótica.
Cineforo: El Baile Rojo, en memoria por el genocidio a la Unión Patriótica.
Foto: Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte
El baile rojo es un proyecto escrito y audiovisual que resultó de la iniciativa entre Yesid Campos, autor del libro, y la organización Reiniciar, una de las pocas entidades no gubernamentales que se ha ocupado de esclarecer los asesinatos de los militantes de la UP.
El proyecto es descrito por el autor como el producto de “métodos y técnicas de investigación aportados por la antropología visual” para recuperar, preservar y divulgar la memoria sobre la intolerancia y la violencia política en Colombia. Y el libro se presenta como un estudio de caso de un fenómeno más amplio y generalizado de violencia política en Colombia.
El libro se presenta como un estudio de caso de un fenómeno más amplio y generalizado de violencia política en Colombia. 
Comienza con un prólogo de Gonzalo Sánchez, probablemente la voz más reconocida en   los ejercicios de memoria histórica de nuestros conflictos hoy en día. Sánchez señala que el genocidio de la UP pudo ocurrir gracias a tres rasgos fundamentales de la política colombiana:
  • El sistema de partidos políticos tradicionales que se protege a sí mismo con la eliminación del adversario;
  • La capacidad del sistema político para ocultar atrocidades bajo el manto de la democracia; y
  • La dejación de armas, las amnistías y la participación política de baja intensidad como soluciones al conflicto armado.
Después, el libro utiliza la voz directa de las víctimas para demostrar la existencia de un patrón sistemático de exterminio por razones políticas, el silencio del Estado frente a ello, la impunidad, la impotencia y la inmovilidad política. El libro parte de la idea de los documentos vivos como fuente de la historia. Esto es, las narraciones de aquellos cuyas vidas se cruzaron con la violencia política y sobrevivieron.
Para ello recoge los testimonios de sobrevivientes y familiares de los muertos y desaparecidos de la UP y los presenta en nueve capítulos. La reconstrucción de la historia de cada entrevistado parte de detalles íntimos sobre la manera como vivían los entrevistados mismos o los hijos de los asesinados, para ir mostrando cómo sus vidas se politizaron.
La politización de los militantes que sobrevivieron fue castigada mediante la  intimidación o la violencia. Los familiares entrevistados también sufrieron intimidación y fueron forzados a cambiar el rumbo de sus vidas.  
La narrativa es sencilla para el lector que –en vez de ideas abstractas sobre la guerra- puede  inferir de las palabras de los militantes y familiares lo que el Estado omitía, lo que los agresores hacían, los aliados y agentes de la violencia y el resultado político y personal. En ese sentido, el libro es inductivo, y mientras conmueve al lector por la intimidad de la narración lo invita a sacar sus propias conclusiones.
No todo es inducción, por supuesto. En la introducción el autor contextualiza las historias y explica que la UP surgió en mayo de 1985 como resultado del acuerdo de “cese al fuego, tregua y paz” que firmaron el gobierno colombiano y las FARC el 28 de marzo de 1984.
En el recuento, el autor explica cómo en este nuevo partido convergieron insurgentes, comunistas, artistas, sindicalistas, liberales y conservadores que buscaban reformas políticas para llegar a una paz democrática. La solución negociada incluía la participación política del nuevo partido, que en sus primeras elecciones logró 14 congresistas, 18 diputados y 335 concejales en todo el país. Esto convirtió a la UP en un claro contendor para los partidos políticos tradicionales.
A pesar del respaldo ciudadano, entre 1985 y 1988 se cometieron 630 homicidios contra miembros de la UP y se rompió el acuerdo entre el gobierno y la guerrilla. Después de toda la estela de violencia y del asesinato de dos de los candidatos presidenciales del partido, la Corte Constitucional expidió una sentencia donde ordenaba al sistema de justicia investigar y sancionar a los responsables. Algunos pronunciamientos de la Defensoría del Pueblo y la indignación de algunos sectores de opinión fueron la respuesta, pero los asesinatos continuaron.
En 1993, varias ONG entablaron una demanda ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en representación de la UP. El proceso avanzó y en 1997 la CIDH admitió la demanda; en 1999 los demandantes y el Estado colombiano firmaron un acuerdo para una solución amistosa y acordaron aclarar los hechos.
En 2002, el Consejo Nacional Electoral le quitó la personería jurídica a la UP por no haber reunido el mínimo de votos para seguir existiendo como partido. En 2006, la solución amistosa se fue a pique y las ONG siguieron registrando homicidios, desaparición forzada y atentados en contra de personas vinculadas a la UP hasta el año 2007.
El autor concluye que el caso de la UP ha sido “ignorado por la institucionalidad y desconocido por la sociedad en general” y que estas omisiones se oponen a la preservación de la memoria de un actor político de la historia del país.

Las lecciones

Manifestaciones en Bogotá por víctimas del genocidio a la UP.
Manifestaciones en Bogotá por víctimas del genocidio a la UP.
Foto: Secretaría General de Bogotá
El método de narración del libro sirve para conmover y demostrar el terror de la violencia política y sus motivos. Es una estrategia retórica útil, en particular para un caso que ha sido negado e ignorado durante tantos años. Su poder se revela cuando, al terminar el libro, el prólogo y la introducción parecen tímidos frente a los testimonios de las víctimas.
El autor concluye que el caso de la UP ha sido “ignorado por la institucionalidad y desconocido por la sociedad en general”.
El baile rojo tiene la virtud de ser un documento producido por un ejercicio de memoria propia cuando la memoria oficial no quiso reconocer la historia. El uso de los “documentos vivos” como herramienta de la memoria es novedoso, interesante y emocionalmente contundente. Sin embargo, aunque conmueve y apela a la empatía de quienes no han sido víctimas directas al mostrar la crudeza de la violencia, deja la impresión de que es de baja magnitud y que los casos han sido pocos.
Aún más complicado: nos deja perplejos, sin alternativas para evitar que estos episodios se repitan y con la pregunta de cómo explicar y demostrar el patrón sistemático en otros casos, como el actual. Estas preguntas son importantes justo ahora, cuando vemos caer cada día a un líder que, creyendo en el proceso de paz y en el famoso posconflicto, sigue luchando por sus derechos a la tierra y a la paz.
La memoria histórica tiene una doble función. Por un lado, construir narrativas sobre el pasado. Por otro lado, contribuir a evitar la repetición de los hechos. En este sentido, El baile rojo es un documento que uno debería tener siempre a la mano en Colombia porque la violencia contra quienes se salen del molde de los partidos políticos y los privilegios de clase nunca ha cesado.
El lema “basta ya” que ha acompañado los reclamos frente al asesinato de nuestros líderes sociales debe complementarse con un “nunca más” que venga de los ejercicios de memoria histórica sobre los muertos que hemos dejado en nuestras múltiples guerras. De lo contrario, dará igual entender los motivos de la violencia y solo nos estaremos resignando a aceptar los hechos.

* Estudiante de doctorado en Sociología de la Universidad de Wisconsin-Madison.