La
localidad de La Candelaria enfrenta actualmente un desafío crítico en el
manejo de residuos sólidos, siendo identificada por la población como la
principal amenaza ambiental del sector. En esta zona histórica de Bogotá se
recolectan aproximadamente 93 toneladas de basura al mes, un volumen
impulsado por factores estructurales como la alta afluencia de turistas, el
incremento del comercio formal e informal y una marcada falta de cultura
ciudadana en la disposición de los desechos. Esta situación no es aislada, ya
que se enmarca en una crisis urbana más amplia donde Bogotá presenta más de 600
puntos críticos de acumulación de residuos debido a deficiencias operativas
y un manejo inadecuado de materiales voluminosos.
Dentro de
este panorama, el barrio La Concordia destaca como una de las zonas más
afectadas debido a su topografía de calles estrechas y empinadas, que
dificultan las labores de recolección. La presencia de la Plaza de Mercado
La Concordia genera un alto volumen de residuos orgánicos que, al no ser
retirados en horarios estrictos, atraen vectores y generan malos olores en las
áreas residenciales circundantes. Recientemente, incidentes como el choque de
un camión recolector en febrero de 2026 han puesto en evidencia tanto el
deterioro de la flota vehicular como la complejidad de maniobrar en el
trazado urbano del barrio.
El
impacto de esta problemática trasciende lo estético, convirtiéndose en un
riesgo de salud pública y deterioro urbano. La Secretaría Distrital de
Salud advierte que la basura dispuesta en el espacio público fuera de los
horarios establecidos favorece la proliferación de plagas como roedores, lo que
resulta especialmente preocupante en una zona de alta densidad peatonal y
turística. Los residentes han manifestado que esta acumulación de desechos no
solo produce olores fétidos, sino que también contribuye a la percepción de inseguridad
y a la aparición de enfermedades en la comunidad.
A nivel
estadístico, La Candelaria genera anualmente cerca de 34,323 toneladas de
residuos, de las cuales apenas se aprovecha entre un 8% y un 10%, lo que
genera una saturación constante de los espacios públicos. La falta de cestas
públicas a distancias adecuadas —menos de 40 metros entre sí— fomenta que los
transeúntes abandonen desperdicios en las esquinas, creando focos
persistentes de arrojo clandestino que afectan el patrimonio arquitectónico
del centro histórico.
A pesar
de los esfuerzos institucionales, como los proyectos de renovación urbana en La
Concordia y el Acuerdo de Corresponsabilidad firmado en 2024 para
fomentar el reciclaje, la solución definitiva parece lejana. La implementación
del Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) ha sido calificada como lenta
por los residentes, quienes denuncian que la falta de seguimiento al comercio nocturno
y a los establecimientos gastronómicos sigue resultando en montañas de
basura cada mañana. La situación exige una intervención integral que
combine la mejora operativa con una educación ambiental profunda para preservar
la calidad de vida en el corazón de la capital



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