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Cambio Radical, por fuera de la Unidad Nacional y Santos no se entera

lunes, junio 05, 2017 Add Comment
Por HÉCTOR RIVEROS · 03 DE JUNIO DE 2017*
En la elección de los magistrados de la Corte Constitucional se trata de escoger a aquel que mejor represente la concepción ideológica de las mayorías en el Congreso. Suena extraño, pero así es. Por esa razón, en ese acto, como en el que más, se miden esas mayorías. Surtido ese examen con la elección de la nueva magistrada la conclusión es que es necesario rehacer la coalición de gobierno.
Es muy simple, con la salida de Cambio Radical de la Unidad Nacional el gobierno perdió las mayorías en el Congreso y tendrá que recomponerlas logrando acuerdos con Verdes y el Polo, que con diez votos le reemplazan los 8 del partido del ex vicepresidente Germán Vargas. Esos diez votos resultaron cruciales para elegir a la jurista Diana Fajardo sobre el profesor conservador Álvaro Motta.
La elección de Motta hubiera significado un enorme riesgo para los avances que en materia de derechos hemos conquistado los colombianos desde 1991 como consecuencia de la jurisprudencia de avanzada que ha adoptado la Corte Constitucional desde entonces. Motta es un gran jurista y seguramente sería un buen magistrado de la Corte, pero sus convicciones ideológicas lo ubican en una visión más restrictiva de las libertades y los derechos y eso era lo que tenía que decidir el Senado en la elección.
Se supone que la mayoría del Congreso representa unas concepciones más liberales y por eso lo esperable era que eligieran a Fajardo o a Ramelli. Si, en cambio, en el Congreso hubiese una coalición mayoritariamente de derecha lo esperable era que eligieran a Motta. Ya la mayoría del Senado, por ligereza, había elegido dos magistrados que no representan el espectro ideológico mayoritario y había puesto en riesgo la conformación de esa tendencia mayoritaria en la Corte.
El Presidente Santos, que no tiene muy claro lo que se juega en la Corte, había conseguido que se eligiera, por puro amiguismo, a la magistrada Cristina Pardo, de convicciones ultraconservadoras. En la primera decisión en la que participó salvó el voto en relación con los derechos de la mujer de elegir si ser madre o no en determinadas circunstancias y abogó por que la Corte echara marcha atrás en su postura de declarar que el aborto en algunos casos forma parte del derecho del libre desarrollo de la personalidad y de autodeterminación de las mujeres. Es tan extrema su posición que otros magistrados, también de convicciones conservadoras, estuvieron con la decisión mayoritaria de la Corte de declararse inhibida por razones formales.
Para los ciudadanos lo trascendental en la elección de la nueva magistrada era eso: ¿con qué código de valores se van a definir, en la Corte Constitucional, el contenido de nuestros derechos?
Para el Presidente, que no tiene muy claro lo que se juega en la Corte, y los que promovían al profesor Motta, que miran más cortico y no les importa lo que se juega en la Corte, el pulso se daba alrededor de la manera como se evaluarían los métodos jurídicos con los que se ha adoptado e implementado el acuerdo suscrito para conseguir la desmovilización y desarme voluntarios de las Farc.
Santos entendió que, si a Motta lo promovía el Fiscal Néstor Humberto Martínez, que ha hecho permanentes objeciones al componente de justicia del acuerdo y lo acogía con entusiasmo el Centro Democrático y personas como la senadora Sofía Gaviria, que se han opuesto radicalmente al acuerdo, debía ser porque encontraban que su formación jurídica y sus convicciones ideológicas lo hacían proclive a decidir en contra de las decisiones hasta ahora tomadas en materia de cierre del conflicto armado.
El Presidente habló entonces con Vargas Lleras para expresarle que esperaba que los partidos de la coalición votaran por Diana Fajardo y el resultado fue que la mayoría de los senadores del Partido de Vargas votaron por Motta. Es decir que en un punto crucial preferían estar con la oposición que con el gobierno.
Está claro. Cambio Radical no quiere estar el último año de gobierno en la coalición de la que se ha servido siete años. El cálculo electoral le indica que para la elección del 2018 es mejor no estar asociado con Santos y cuestionar el proceso con las Farc.
Ya su Presidente, Jorge Enrique Vélez, había anunciado su oposición al proceso que se sigue con el ELN y la determinación de no apoyar la reforma política que presentó el gobierno al Congreso como parte de la implementación del acuerdo con las Farc.
En un país serio los funcionarios que representan a Cambio en el Gobierno se retirarían y los otros partidos de la coalición entenderían roto el acuerdo que permitiría que un miembro de ese Partido presida la Cámara de Representantes en el último período.
La coalición que soportó el gobierno Santos está rota. Cambio Radical la abandonó por cálculo electoral. Santos todavía piensa que la tal deserción no existe.
*Especial para la Silla Vacia. 
http://lasillavacia.com/historia/cambio-radical-por-fuera-de-la-unidad-nacional-y-santos-no-se-entera-61201

Crisis mundial y explotación laboral en Colombia

lunes, junio 05, 2017 Add Comment

Crisis mundial y explotación
laboral en Colombia

Imagen relacionadaCorresponde al movimiento sindical de clase organizado en alianza con los sectores populares enfrentar la crisis estructural generada por el sistema mundo capitalista. Es la presencia organizada y consciente de la subjetividad de la clase trabajadora y del "poder popular" que tienen el potencial de encaminarse por los senderos reales de la transformación que demanda la dignidad humana, individual y colectiva, para sobrevivir.
Libardo Sarmiento Anzola
Filósofo y magíster en Teoría Económica Universidad Nacional de Colombia,
Economista Universidad La Gran Colombia
Población y economía mundial
En las sociedades modernas capitalistas, el denso crecimiento poblacional y la vertiginosa producción de bienes y servicios están correlacionados. Desde 1750, el núcleo de la evolución de la humanidad está constituido por la imparable acumulación de capital global y el crecimiento poblacional en proporciones geométricas. El incremento acelerado de la población (la velocidad de crecimiento es proporcional a la población existente, los nacimientos, las muertes y a la esperanza de vida) impone una expansión de la producción y una tecnología agresiva. A la vez, el capitalismo conduce al extremo la expoliación de la naturaleza y agudiza el antagonismo entre clases sociales.
En el año 1800 la población mundial comenzó a acercarse a la cifra de un mil millones; un siglo después, en 1900, los habitantes del planeta sumaban 1.600 millones; en el año 2000 la especie humana se disparó a 6.071 millones. Para el año 2030 el número de individuos humanos vivos se estima en 8.514 millones (Gráfico 1). La tasa de crecimiento poblacional promedio durante estos 230 años es de 2 por ciento; ésta medida es un factor que determina la magnitud de las demandas que la sociedad debe satisfacer por la evolución de las necesidades de sus habitantes en cuestión de infraestructura, recursos ambientales, alimentos, energía, ropa, transporte, comunicación, vivienda, servicios sociales, empleo e ingresos (actualmente es de 1,2% la tasa anual acumulativa). En el período 1800-2030 la población mundial se multiplica por 8,7 veces.
Respecto al crecimiento económico, el valor global de la producción de bienes y servicios sumaba USD$ 463.320 millones en el año 1800. En 1900 el PIB mundial fue de USD$ 3,4 billones y en 2000 llegó a la cifra de USD$ 43,5 billones. Para el año 2030 el valor del PIB mundial se estima en USD$ 96,6 billones (millones de millones). En promedio, durante toda la historia del capitalismo, la tasa de crecimiento compuesto fluctúa alrededor de 2,3 por ciento anual (negativa durante los períodos de crisis financiera y económica: 1825; 1847-1848; 1873-1896; 1929-1939; 1974-1982; 2007-2009; entre los años 1945-1973 el ritmo se aceleró a 5% y actualmente crece al 2%, con tendencia a crecer durante la década de 2020 al 3%). Resumiendo, en el período 1800-2030 el valor del PIB mundial se multiplica 208,5 veces; una velocidad 24 veces superior al crecimiento poblacional (Gráfico 1).
En menos de tres siglos, hay una clara tendencia mundial hacia la sobrepoblación, el crecimiento insostenible, la concentración y centralización del capital y la destrucción de la naturaleza. El imparable aumento de las fuerzas productivas, de la producción y el consumo, en un marco de profundas iniquidades e injusticia social hace cada vez más evidentes y violentos los conflictos sociales, los impactos ambientales negativos y las tensiones bélicas entre naciones. Ninguna otra especie biológica se ha multiplicado tanto ni somete a su entorno vital a tensiones, riesgos y crisis como el animal humano.
Hasta la década de 1960, los movimientos social y sindical de clase organizado alcanzaron importantes victorias reflejadas en políticas sociales, democracia, estabilidad laboral y mejoras salariales. La alianza clasista Capital-Estado tomo la revancha y contraofensiva a partir de la década de 1970 con la intensión de incrementar la tasa de ganancia o plusvalía. Con este fin, transformó radicalmente el espíritu capitalista el cual se materializó a través de cinco dinámicas: i) expansión global de la fuerza del capital; ii) financiarización: desregulación y dominio del capital financiero sobre el productivo; iii) ideología y política neoliberal: individualismo económico, privatización y desnacionalización de la estructura económica, colapso del Estado de Bienestar, mercadocentrismo como eje de organización social; iv) destrucción del "sujeto histórico" del cambio, eliminación del movimiento sindical de clase, rompimiento del tejido social, flexibilización y precarización laboral; v) implementación de la tercera (1970 a 2000) y cuarta (a partir de 2015) revoluciones industriales (caracterizadas por la introducción de la cibernética, la automatización de la producción, TICs, "fabricas inteligentes", robotización, androides, digitalización, internet de las cosas, blockchain, coordinación en redes de las unidades productivas a escala mundial) que han elevado la productividad del trabajo, destruido empleos e impulsado la caída de los salarios. El resultado de este "nuevo espíritu del capital" durante el último medio siglo es el desempleo estructural (según la OIT, en 2017, el desempleo mundial supera los 200 millones de personas, 30 millones más que el nivel anterior a la crisis de 2007; para 2020 se estima que se habrán perdido 8 millones de puestos de trabajo adicionales), el incremento de la explotación de la fuerza laboral y la caída de la participación de los ingresos salariales en el PIB.
En efecto, a partir de 1970, la plusvalía extraída y la tasa de explotación de la fuerza laboral vienen incrementándose en el sistema mundo capitalista. El capital continua su tendencia imparable de concentrar más riqueza e ingreso, mientras la fuerza labora pierde participación en el ingreso nacional. La proporción del ingreso nacional que perciben los trabajadores remunerados es menor y desde los años 1980 disminuye a mayor velocidad. Según el informe del Fondo Monetario Internacional "Perspectivas de la economía mundial" (abril de 2017), esta tendencia obedece al rápido progreso de la tecnología y la globalización o integración mundial. La participación de la fuerza laboral en el ingreso se reduce cuando los salarios crecen a un ritmo más lento que la productividad, es decir, la cantidad de producto generado por trabajo. El resultado es que una proporción cada vez mayor de las mejoras de la productividad ha estado beneficiando al capital. Y como el capital tiende a concentrarse en los extremos superiores de la distribución del ingreso, las participaciones más reducidas de la fuerza laboral en el ingreso tienden a elevar la desigualdad del ingreso.
En las economías avanzadas, las participaciones de la fuerza laboral en el ingreso iniciaron una tendencia descendente en la década de 1980, y alcanzaron su nivel más bajo del último medio siglo justo antes de la crisis financiera mundial de 2007–2009; desde entonces no se han recuperado sustancialmente, y ahora están en un nivel casi 4 puntos porcentuales más bajo que en 1970. En los países capitalistas que concentran el poder económico mundial, la proporción del ingreso que perciben los trabajadores cayó de 55 a 51 por ciento, entre 1970 y 2015. En los países periféricos la situación es aún más lamentable, entre 1990 y 2015 la evolución de la participación de la fuerza laboral en el ingreso descendió de 39,5 a 37,1 por ciento.
Explotación de la fuerza laboral en Colombia
En Colombia, la clase trabajadora no escapa a esta participación decreciente de los salarios en el ingreso nacional. Tendencia que se mantiene desde la segunda mitad del siglo XX: Entre 1962 y 2016  descendió la participación de los trabajadores de 44,3 a 36,7 por ciento del ingreso. El pedazo mayor de la torta la engulle el Excedente Bruto de Explotación (EBE) al concentrar el 61,1 por ciento del valor agregado nacional; los impuestos aumentan de manera sostenida su participación y actualmente el aparato burocrático-militar y la clase política se quedan con el 2,2 por ciento del valor producido por la clase trabajadora.
Históricamente, la sociedad colombiana hace parte de los diez países del mundo con niveles intolerables de injusticia social y peor distribución del ingreso y la riqueza (concentrados en África y América Latina). Entre 1960-2017 en valor promedio del índice que mide la desigualdad (Gini) se mantiene en 0,536, registrando un drástico deterioro a partir de la década de 1990 (de acuerdo con Naciones Unidas, un coeficiente de Gini superior a 0,40 es alarmante, indica una realidad de polarización entre ricos y pobres, siendo caldo de cultivo para el antagonismo entre las distintas clases sociales), mientras el crecimiento económico registra un promedio anual de 4,1 por ciento. Sin importar el momento del ciclo por el que la economía atraviese, la oligarquía siempre gana (Gráfico 2): durante el auge, el producto del trabajo social es privatizado en manos de los dueños del capital y los controladores del Estado Corporativista y patrimonialista; en la crisis, las consecuencias y medidas adversas para reanimar la actividad económica se descargan sobre la clase trabajadora (desempleo, caída salarial, recortes al gasto social, mayores impuestos al consumo, informalidad).
La estructura económica colombiana ha privilegiado las actividades extractivas y rentistas (extensivas e intensivas) y la especulación financiera, poco generadoras de empleo y con altas tasas de explotación de la fuerza laboral. Durante el último siglo, el capital productivo pierde importancia en favor de la financiarización de la economía y el sector minero-energético. En 1925 el sector agropecuario contribuía con el 59 por ciento del PIB, en 2016 su participación cayó a 6 por ciento; el sector industrial aportó una cuarta parte del PIB en 1976 y en 2016 sólo contribuye con el 11 por ciento; en contraste, el sector financiero representaba el 2,6 por ciento del valor económico en 1925, ahora concentra el 19,7 por ciento; la explotación minero-energética paso de representar el 1,5 por ciento del PIB a 10,1 por ciento en el período 1925-2016.
Al finalizar 2016, el número de ocupados en Colombia sumaba 22.836.522 trabajadores. Cuatro de las 10 ramas, según la clasificación de las actividades económicas hecha por el DANE, concentran el 75,4 por ciento de los ocupados: Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca (16,3%), industria manufacturera (12,1%), Comercio, hoteles y restaurantes (27,8%) y Servicios comunales, sociales y personales (19,2%). La rama de actividades minero energéticas ocupa a 129.657 trabajadores, esto es,  el 0,6 por ciento de la clase trabajadora ocupada; la intermediación financiera genera 332.106 empleos, el 1,5 por ciento de la población ocupada (Gráfico 3).
El número de sindicalizados supera ligeramente el millón de trabajadores (4,4% del total), con una amplia concentración de los afiliados en los sectores de la educación (más de 300.000), industria (90.000), agroalimentario (36.000), minero energético (42.500), suministro de servicios públicos (26.000) e intermediación financiera (28.000). Adicional al problema de la baja densidad, el sindicalismo colombiano padece otra grave dificultad que le resta aun mayor eficacia: su alta fragmentación (el número de sindicatos es  cercano a los 5.000).
Por ramas de actividad, la participación relativa más alta por parte de los asalariados en el PIB corresponde a "Actividades de servicios sociales, comunales y personales" con el 76,1 por ciento (Gráfico 4). La proporción porcentual más baja que perciben los trabajadores es en la "Extracción de petróleo y gas natural" con el 12,5 por ciento; además, en este sector los impuestos son bajos (1,4%) comparativamente; en consecuencia, el valor agregado concentrado por el capital es de los más altos en el conjunto de la economía nacional (86,1%). En la intermediación financiera el 30,1 por ciento del valor agregado es apropiado por los trabajadores, el 66,6 por ciento por los dueños del capital financiero y el 3,3 por ciento restante por el Estado.
En 2016, el promedio de valor agregado mensual generado por trabajador en Colombia es de COP$ 2,8 millones (Gráfico 5). Por ramas de actividad, tres registran el más alto producto por trabajador: "Explotación de Minas y Canteras" (COP$ 31,4 millones mensuales), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (COP$ 18,5 millones mensuales) e "Intermediación financiera" (COP$ 10.9 millones mensuales).
El salario promedio mensual por trabajador, en 2016, fue COP$ 844.000. En tres sectores económicos los salarios promedio mensuales superan los tres millones de pesos: "Explotación de Minas y Canteras" (COP$ 4,5 millones), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (COP$ 3,2 millones) e "Intermediación financiera" (COP$ 3,4 millones). Los trabajadores con ingresos más precarios (inferiores a COP$ 1 millón mensual) se encuentran en las ramas de actividad "Agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca", "Comercio, hoteles y restaurantes", "Transporte, almacenamiento y comunicaciones" y "Servicios comunales, sociales y personales".
La relación entre valor agregado y salarios es de 3 veces en el conjunto de la economía nacional. En cinco ramas de actividad económica esta proporción es superior al promedio nacional: "Explotación de Minas y Canteras" (7), "Suministro de Electricidad Gas y Agua" (6), "Construcción" (5), "Transporte, almacenamiento y comunicaciones" (4) y "Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler" (4).
Corresponde al movimiento sindical de clase organizado en alianza con los sectores populares enfrentar la crisis estructural generada por el sistema mundo capitalista. Es la presencia organizada y consciente de la subjetividad de la clase trabajadora y del "poder popular" que tienen el potencial de encaminarse por los senderos reales de la transformación que demanda la dignidad humana, individual y colectiva, para sobrevivir.

http://palabrasalmargen.com/index.php/articulos/nacional/item/crisis-mundial-y-explotacion-laboral-en-colombia
Edición 544 – Semana del 2 al 8 de Junio de 2017


Lo que nos espera si gana el Sí

viernes, septiembre 30, 2016 Add Comment
Por:  Samuel Rosales Ucrós*
“Soy uribista hasta los tuétanos. Me gusta Uribe, porque fue el presidente que logró poner en su sitio a todos esos bandidos de las Farc. Simpatizo con él porque tiene carácter y grandeza: no por nada lo eligieron el Gran Colombiano en un reality de TV. Y como yo, hay millones de personas que piensan igual. Es, sin duda, el expresidente más popular de la historia de este país: arrastra gente, tiene credibilidad, es dueño de un carisma incomparable. Por eso estoy muy preocupado porque, según él, los acuerdos de paz ponen en riesgo la democracia: para empezar, si se aprueba el plebiscito éstos entrarán a formar parte del bloque de constitucionalidad. Y hay una cosa aún más alarmante: le abren las puertas a que las Farc, esa guerrilla impopular y asesina, accedan al poder.”
“Pero un momento, un momento: soy uribista, sí, pero también se supone que soy un Homo sapiens, es decir un hombre que piensa y razona. En consecuencia, voy a hacerme una pregunta: si en ninguna parte de los acuerdos se cambia el sistema electoral del país ¿cómo es que el expresidente más popular de la historia de Colombia, el carismático imbatible, el que goza de mayor credibilidad, no sólo no maneja el país, sino que con todos esos recursos ha sido derrotado en las últimas tres elecciones, y en cambio sí podrían acceder al poder total las Farc, un grupo guerrillero que, como yo mismo anoté, es impopular a morir y nadie le cree nada?”.

Bueno, infortunadamente el mundo no funciona así como en los dos párrafos de arriba. Mucho menos Colombia. Y esa es la razón por la que en cerebros de 1.200 centímetros cúbicos de volumen bailen al mismo compás esas flagrantes contradicciones y ese tipo de disparates. Es lo que el psicólogo León Festinger llamó “disonancia cognitiva”, y consiste en tratar de reducir la tensión mental entre dos cogniciones (ideas, conocimientos, creencias, opiniones, apetencias) que se contradicen entre sí, eliminando o reduciendo la contradicción. Para el caso: un uribista adora a Uribe, pero no está dispuesto a reconocer que ese ser a quien idolatra, y en quien ha depositado tantas confianza y esperanzas, lo haya engañado. Entonces renuncia a usar el pensamiento lógico, y se limita a repetir sandeces.

Eso explica por qué tanta gente cree que si gana el Sí no solo nos gobernarán las Farc, sino que además Colombia se transformará en otra Venezuela y al cabo de unos meses o años no tendremos papel higiénico. Quienes así piensan, han renunciado a considerar el hecho de que para cada efecto debe necesariamente existir una causa. Si las Farc aceediesen al poder ejecutivo, por ejemplo, es porque alguno de sus miembros fue elegido presidente popularmente, puesto que así funciona nuestro sistema electoral, y los acuerdos no cambian esa situación. Pero la probabilidad de que eso ocurra es mínima, porque los niveles de popularidad de las Farc son ínfimos. Eso no sólo lo sabe un uribista, sino que es uno de sus alegatos habituales en contra del proceso. Sin embargo, el miedo o la vergüenza de saberse engañado hacen que esa causa -que un candidato impopular tenga que ser elegido popularmente- desaparezca, y sólo quede el efecto -que llegará a ser presidente-.

Sí, ya sé: las Farc tienen dinero en cantidades industriales, lo cual es suficiente para comprar unas elecciones. Ese argumento, no obstante, no tiene en cuenta el hecho de que, en ese orden de ideas, antes de los acuerdos las Farc no sólo tenían el mismo -o quizás más- dinero suficiente para montar en la presidencia a una de sus fichas civiles, sino que también tenían la ventaja adicional de las armas, que ya no tendrán en las próximas elecciones presidenciales. De nuevo la disonancia cognitiva no le permite a uno de esos fanáticos a ultranza del No hacer un análisis objetivo de la cuestión.

Entonces, nada indica que de ganar el Sí se vislumbre en el futuro cercano un gobierno socialista (o por lo menos nada distinto de lo que ocurriría de ganar el No). Nada indica tampoco que nos convertiremos en la próxima Venezuela, ni que empezarán a escasear los productos de primera necesidad.

Así que, amigo uribista, compatriota simpatizante del No, relájese: aparte de que todos los seres humanos somos víctimas de la disonancia cognitiva (y por lo tanto usted no tiene nada de qué avergonzarse), el único cambio significativo que traerá la refrendación de los acuerdos, lo que en realidad nos espera si gana el Sí, es el hecho nada despreciable de que la guerra más perdurable de América, librada entre el Estado colombiano y la guerrilla más numerosa y antigua del continente, habrá por fin terminado.

Piénselo, razónelo. Usted es un Homo sapiens. Acéptese ese reto.

*Samuel Rosales Ucrós septiembre 29, 2016 especial para www.eldiabloviejo.com
http://www.eldiabloviejo.com/site/pame/lo-que-nos-espera-si-gana-el-si/